Supongo que muchas personas vivieron lo mismo. Lo intuyeron desde su infancia. Preguntarse quién soy, dónde estoy, qué es todo esto. Viven sus vidas cotidianas, pero de vez en cuando les llega una brisita que les recuerda que hay algo más. Deben investigar, hay una curiosidad por saciar.
Si te hiciste estas preguntas desde tu niñez, entonces tal vez entiendas más rápido lo que quiero decir.
Pasar tu vida leyendo, observando, procesando información del entorno y de las personas que te rodean, sacando conclusiones, archivando informaciones mentales. Es un proceso automático, no estás plenamente consciente de este proceso, pero es continuo y te llevará a vivir cosas inesperadas. Muy probablemente tienes Géminis en tu carta natal.
Sin querer vas atando los cabos, las hipótesis se van confirmando. Deseas ser lo más científico posible. Crees que la religión no nos deja pensar bien. Quieres convencer a tu familia primero, de que no todo es lo que pensábamos. Quieres revelarles que nos esconden cosas y debemos descubrirlas, para salir airosos de la historia.
Algunos realizan todo este proceso rápidamente en su presente encarnación, otros tardamos más, tal vez toda una vida para ampliar la visión y abarcar más detalles del “paisaje”.
Parte de estas reflexiones me llevaron, junto a otras mentes, a escribir en El Último Vagón, un nombre que llegó a mi mente desde la juventud. Una necesidad de expresar y contar lo que iba viendo, sintiendo, y sufriendo.
Si tan solo alguien leyera esto
Ahora pienso y digo no importa sin tan solo una persona me leyera o siguiera estos pensamientos. No importa la cantidad. Es la calidad humana de dichas personas las que al final del día marcará la diferencia.
Y si aún así a los presentes encarnados no les importara el tema porque los enfrenta muy rápido a la realidad verdadera , yo quedaría expectante, por si alguien que viva en el futuro, lograra recibir algunos de estos caracteres de esta nota en la web.
Si al menos quedaran estos párrafos como prueba de alguien que vivió el siglo 20 y el 21. Que vio cambios sorprendentes y ágiles. Que padeció como tantos otros de la guerra de la información.
Ya sabemos los fake news son el pan de cada día, el discernimiento escasea y creemos cosas como verdaderas cuando en el fondo son falsas.
La propaganda en todas sus formas avasalla nuestras vidas. Fantaseamos, vivimos de ilusiones. Los medios de comunicación conspiran. Se habla del número de despiertos y dormidos. Se dice que no convienen muchos despiertos porque se cae la matriz de ilusión.
Hay que mantener la estructura, porque si no vivimos esta malla, que otra cosa nos espera¨…no tenemos ninguna certeza de lo que viene después.
Seguimos analizando hipótesis, porque no hemos podido ir físicamente a ese lugar: el más allá, podría ser otra ilusión y peor que esta.
Pero mientras no viajemos allá, podemos seguir analizando, compartiendo, observando, dejando testimonio para algunos del futuro. Algunos más osados, valientes guerreros que no escatiman esfuerzos.
Queremos pensar que la fuerza se apodera de nuestros pensamientos, que volveremos a tener la voluntad y el voltaje para hacer crecer nuestra aura, nuestros escudos, nuestras fortalezas. Necesitamos esa luz, esa energía, porque si vivimos cual baterías del sistema, entre más luz, más poder tenemos de hacer cambios.
Porque los infiernos no nos gustan, nos cansamos de eso. Hastiados del sufrimiento de la materia densa, buscamos el equilibrio de las formas y de los pensamientos.
Buscamos un bienestar, una felicidad robada, y que nos pertenece porque nuestra fuente así lo dictaminó, y así se debe cumplir.
Un proceso, pero consciente, un trabajo sí, pero para todos vivir mejor.
Masoquistas no somos, queremos el cambio a positivo. El cielo en la Tierra, ahora nos toca a nosotros…